| Jean-Marie Leblanc ha
sido ciclista y periodista y es desde hace nueve años
director del Tour. Ha logrado que la carrera sobreviva a
un clima de confusión y enfrentamiento. Y parece
dispuesto a combatir su peor enemigo: la sospecha 
Jean-Marie
Leblanc (AP).
Pregunta. ¿Quiere
comentar algo?
Respuesta. No por
favor. Nada de polémicas. Es excesivo. Hay un adagio en
Francia que dice que todo lo que es excesivo es
insignificante.
El año pasado utilizó
la metáfora de que usted era un capitán que llevaba el
barco a buen puerto después de las tormentas. Qué
metáfora sirve para definir su posición en este Tour.
No, no, por favor, la
metáfora la usaron otros. Yo soy una persona modesta.
Pues díganos que tal
este año.
Quizás... el Tour y el
ciclismo han salido del túnel. Lo creo de verdad. Creo
que hemos vivido un Tour de transición, pero de
transición positiva, porque me parece, cuando leo los
periódicos, cuando hablo con los ciclistas, con los
directores deportivos, que estamos en el buen camino.
¿A qué se refiere?
Viéndolo desde la
distancia, estoy realmente impresionado de que en 12
meses se hayan hecho tantos progresos en la lucha contra
el dopaje después de décadas dormidos.
¿De verdad cree eso?
No sólo la agencia
mundial del COI sino cosas concretas e inmediatas: Los
efectos de la agencia mundial los veremos más tarde. En
Francia, perdón por empezar por Francia, la Ley Buffet
sobre el dopaje, una ley muy dura contra los traficantes
de productos dopantes. La UCI ha puesto en marcha el
seguimiento médico longitudinal que yo creo que es un
buen sistema para hoy mismo y para el futuro. Es como
decir que los deportistas están bajo vigilancia cuatro
veces al año. ¿Qué más, qué más? Por ejemplo, en
este año se ha logrado frenar el uso de la EPO.
¿Está seguro?
Sí, sí. La EPO ha
desaparecido prácticamente.
¿Se puede cuantificar
en este Tour? Por ejemplo, ¿el 60% del pelotón no usa
EPO...?
No, no manejo
estadísticas. Es mi convicción. ¿Por qué? Porque los
investigadores en Lausana, en París, en otras partes,
han dado con los parámetros que permiten ver
exactamente, a través de la sangre del deportista, si se
ha consumido EPO. Al comienzo del Tour, además, dimos
con un método para detectar los corticoides. Desde hace
unos días, buscamos los PFC. Y ahora tenemos la sangre
del corredor almacenada para permitirnos nuevas
investigaciones. Y todo eso me parece que es ir en la
buena dirección. Ahora hará falta cambiar algunos
reglamentos de la UCI e introducir cosas nuevas como la
detección de la hemoglobina reticulada.
Muy optimista se le ve
señor Leblanc.
Sí, yo creo que el
ciclismo ha lanzado una gran ofensiva. Es el deporte que
más ha avanzado en materia de dopaje. El ciclismo y el
Tour es el deporte que más sufrió por el dopaje en
1998. Todos esos asuntos, el mal ambiente, la policía,
los medios de comunicación, todo contribuyó a hacer muy
negro aquel Tour. Hemos hecho un esfuerzo grande, se nos
ha criticado, pero aun así hemos tirado adelante por el
camino de las reformas y estoy convencido de que en uno o
dos años se podrá decir que ha sido el ciclismo y los
ciclistas quienes mejor han reaccionado contra el dopaje
y se nos señalará con el dedo como un ejemplo positivo.
Estamos en el camino de lograr un avance considerable con
respecto a otros deportes. ¿Sabe usted de algún otro
deporte en el que se analice la sangre de los
deportistas? Sólo el esquí de fondo y el ciclismo. Y no
sólo eso sino que su sangre nos va a valer para
investigaciones de futuro.
Pero se han producido
muchos contratiempos.
Evidentemente, no todo lo
que hace el ser humano es perfecto. Por ejemplo, se ha
roto el secreto médico. En los periódicos hemos podido
leer cifras de resultados de análisis. ¡A dónde vamos
a llegar! Los ciclistas han tragado mucho y los
dirigentes del ciclismo han trabajado mucho.
Reflexionando desde la
distancia, la readmisión forzada de Manolo Saiz y
Virenque ¿puede considerarse ahora una anécdota?
Sí. Y yo añado: ya que
la UCI ha dicho que el señor Saiz y el señor Virenque
tienen que estar en el Tour, son desde ese momento dos
personas como las demás. Ningún problema. ¿Usted ha
utilizado la expresión anécdota? Es una anécdota.
Cuando estalló el
asunto de los corticoides, que afectaba sobre todo a
Armstrong, ¿temió que el Tour se le escapara de las
manos?
No. No he tenido en
ningún momento la sensación de que fuera una falta
grave, de que existiera un gran escándalo. Cuando leí
el artículo enseguida comprendí que eso de unos
pequeños restos en la orina era un asunto anodino.
La filtración de los
datos a un diario, ¿no significa que pueda haber detrás
algún interés en desestabilizar el Tour?
No, no estamos tan
paranoicos. Si empezáramos a pensar así, creyendo que
todos los días habrá un complot... Lo único que puedo
decir es que aquí están algunos periodistas, y lo
entendí desde que el primer día, para intentar
encontrar un asunto de dopaje.
Desde el ministerio, se
ha dicho que este no es el Tour de la renovación que
prometió usted, sino el de las ocasiones perdidas.
No creo en absoluto que
sea el Tour de las ocasiones perdidas. Yo tampoco dije en
ningún momento que un año después del desastre del 98
se pudiera resolver todo y tener un Tour 100% limpio. Es
el Tour en el que hemos mostrado bastantes reformas, un
cambio de mentalidad entre los médicos de los equipos,
entre los corredores. Generalmente estoy de acuerdo con
la ministra, pero en este punto concreto no puedo decir
eso.
En ciertos artículos,
se evoca el fantasma de las dos velocidades para explicar
el fracaso del ciclismo francés en este Tour.
No seré yo. Nunca he
hablado del ciclismo de dos velocidades. Me parece una
explicación caricaturesca, maniqueísta, hasta estúpida
desde el momento en el que el ciclismo ya no está
compuesto de equipos nacionales, donde hay franceses en
equipos españoles, etcétera. Y no veo que Francia haya
estado tan mal. Si miramos el premio de la combatividad,
los cuatro primeros son franceses. No han tenido éxito,
pero es que la actual generación francesa es mediocre.
Es como en todo. Hay ciclos.
Los equipos españoles
que abandonaron el pasado Tour son precisamente los
primeros en la clasificación o los protagonistas de las
mejores etapas. ¿Se puede entender que aman el Tour más
de lo que piensa el propio Tour?
¡Pero es que creo que lo
aman! Creo que preparan muy bien el Tour y la historia
del año pasado parte de un malentendido y de una
situación psicológica muy tensa. El malentendido es que
Saiz y quizás algún otro pensaran que el director del
Tour podía frenar las operaciones policiales. Pero
ustedes saben bien que la justicia y la policía son
independientes. Yo no podía hacer nada. Entonces, Manolo
se crispó, la situación se hizo irrespirable. Fue una
lástima, pero eso nunca me hizo pensar que los equipos
españoles no fueran serios con el Tour y dejaran de ser
los animadores de la carrera. Nunca he pensado así.
Justo el año en que se
dice que ya no hay dopaje, el Tour va a concluir con
la media de velocidad más alta de su historia.
No estoy de acuerdo con
que la media de velocidad sea un valor indicativo. En la
primera semana se corrió con viento favorable. En
ningún momento hemos sufrido la canícula y todos
sabemos que cuando nos ataca el pelotón va más lento.
No me molesta esta media, no es un argumento que destruya
mi fe en que todo va mejor.
¿Es Armstrong el
ganador perfecto de un Tour de la renovación? ¿es un
ganador de futuro?
Al principio de este Tour
dije que esperaba que fuera el de la renovación. Tenía
un doble sentido, de mentalidad en lo que atañe a los
asuntos de dopaje y en eso soy claro, ha habido
renovación. Y en la Dauphiné Liberé, en otras carreras
anteriores al Tour, aparecieron nuevas caras: Vinokourov,
Moncutie, Unai Osa, el pequeño español, Salmon. Y yo me
decía, ya que no van a estar aquí ni Pantani, ni
Ullrich, ni Riis, Jalabert o Bartoli, quizás vamos a
tener también una renovación de corredores. Y, en ese
sentido, la respuesta es no. Siempre he dicho que debemos
hacer una reflexión: ya que la lucha contra el dopaje es
tan rígida que los corredores toman menos productos, se
puede decir que hay demasiadas carreras y muy
difíciles... Son cuestiones sobre las que deberíamos
reflexionar.
¿Qué opina de la
petición de la ministra de que la UCI le ceda la sangre
de los ciclistas.
Si la ministra piensa que
los resultados son útiles a la investigación francesa y
sirven para avanzar en la lucha contra el dopaje, ¿por
qué no? Y creo que Verbruggen (presidente de la UCI) va
a responder en este sentido. Y yo estoy de acuerdo.
Porque no hay nada peor que la sospecha. Si la UCI
conserva la sangre, los franceses, los españoles, los
italianos pueden pensar ¿por qué se la queda la UCI?
¿Pero el laboratorio
de París no se ha distinguido por respetar la
confidencialidad?
Si he comprendido bien,
esas muestras de sangre siguen siendo confidenciales. La
gente en general, y el deportista en particular tiene
derecho a su intimidad. Evidentemente, no me gusta que
salgan en los periódicos todos estos datos.
Pero el señor Daniel
Baal, presidente de la federación francesa, dice que
detrás del secreto médico se quieren esconder cosas.
No sé. Yo soy un
legalista. Y confío en los responsables. No soy médico,
pero tengo confianza en ellos. No me puedo imaginar que
un médico responsable, un dirigente o un ministro sea un
tramposo.
L.GÓMEZ / C. ARRIBAS, Futuroscope
[Extraido
de El País]
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